La conmemoración del Día internacional de la mujer nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el papel fundamental que ocupan las mujeres y niñas en la práctica, salvaguardia y gestión del patrimonio vivo. Para ello, es preciso pensar su rol en tres aspectos profundamente interrelacionados entre sí:
1) el reconocimiento y valoración del papel que cumplen en la creación, transmisión, recreación y viabilidad de las manifestaciones de patrimonio vivo;
2) su participación en la toma de decisiones y la organización de los procesos de salvaguardia y gestión de este y,
3) la promoción de la igualdad de derechos y la erradicación de toda forma de discriminación.
Del mismo modo, se cuenta con un conjunto de marcos normativos y lineamientos que señalan la importancia de fortalecer y profundizar la relación entre el patrimonio vivo y la igualdad de género como vía para contribuir al ejercicio pleno de derechos y una vida digna para las mujeres y niñas en toda su diversidad. Entre ellos podemos nombrar a la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO del 2003 (en adelante Convención 2003), las Directrices Operativas de aplicación de la Convención 2003, los Principios Éticos para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre otros.
Estos marcos normativos establecen orientaciones claras para integrar el enfoque de género en las políticas y acciones de salvaguardia, promoviendo la participación de las mujeres y niñas y el reconocimiento de sus derechos.
En cuanto al primer aspecto, la identificación, documentación, confección de inventarios y otras iniciativas de registro de las manifestaciones del patrimonio vivo han permitido reconocer y valorar la contribución de las mujeres a la viabilidad de las manifestaciones del patrimonio vivo, en tanto, son ellas quienes a menudo aseguran la continuidad intergeneracional de conocimientos, técnicas y prácticas. A modo de ilustración, en la herramienta interactiva Indague en el patrimonio vivo (https://ich.unesco.org/es/explora?display=sdg#tabs ) se muestran las conexiones entre las 785 manifestaciones inscritas en las Listas de la Convención 2003 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En particular se muestra que el ODS 5: igualdad de género tiene 388 conexiones, de las cuales 39 están fuertemente vinculadas. [DG1.1]
Esta dimensión del mapa interactivo visibiliza cómo las mujeres desempeñan un rol clave en la recreación, transmisión y cuidado de las manifestaciones del patrimonio vivo y del tejido comunitario. De este modo, visibilizar, nombrar y valorar su papel constituye el primer paso para garantizar el reconocimiento pleno de su contribución a la viabilidad del patrimonio vivo y a la diversidad cultural de la humanidad.
En relación con el segundo aspecto, la participación efectiva, tanto en el nivel comunitario como institucional, en la toma de decisiones en la salvaguardia y gestión del patrimonio vivo implica considerar e incorporar sus voces y perspectivas en la definición de su patrimonio, en la identificación de los riesgos y amenazas que afectan las manifestaciones, así como alentar su participación en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de medidas y planes de salvaguardia. Ello supone no solo su presencia formal en los espacios de decisión, sino también su incidencia en la definición de qué medidas adoptar y cómo implementarlas. Asegurar que sus perspectivas formen parte del rumbo de los procesos de salvaguardia contribuye a una gestión más inclusiva, representativa y sostenible del patrimonio vivo.
En estrecha relación con los dos aspectos mencionados previamente, la lucha por la igualdad de derechos y la erradicación de la discriminación constituye un horizonte hacia el cual contribuir, también, desde el patrimonio vivo. Si bien en los últimos 30 años, como se señala en Los derechos de las mujeres 30 años después de Beijing se han impulsado acciones para erradicar las desigualdades estructurales que enfrentan las mujeres y niñas en nuestras sociedades, aun es preciso redoblar esfuerzos para reducir las brechas y violencias estructurales que limitan el acceso de las mujeres y niñas a recursos y servicios culturalmente pertinentes como la salud, educación y justicia, así como promover su participación en espacios de liderazgo o tener el control sobre los beneficios derivados de sus propios conocimientos, entre otros. En ese sentido, trabajar activamente para eliminar estas barreras no solo contribuye a la dignidad de las portadoras, sino que también fortalece el tejido social en su conjunto, demostrando que la salvaguardia del patrimonio vivo y el avance hacia sociedades más inclusivas y plurales son procesos que avanzan de la mano.
De este modo, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nos invita a renovar compromisos con la valoración y reconocimiento del rol de las mujeres y niñas en la práctica, transmisión y salvaguardia del patrimonio vivo, así como alinear esfuerzos para promover su participación efectiva en la toma de decisiones de los procesos de salvaguardia, así como a reafirmar acciones orientadas a garantizar la igualdad de derechos y la eliminación de toda forma de discriminación.
Reconocer a las mujeres y niñas como portadoras fundamentales del patrimonio vivo es, en definitiva, una condición indispensable para asegurar su viabilidad y para avanzar hacia sociedades más justas e inclusivas en América Latina.
Escrito por: Angela De La Torre


